CRÓNICA / 22
A los seguidores con amor
Nunca fui particularmente útil durante mi juventud y siempre tuve mucho tiempo libre, que desperdiciaba tirando migas de pan a los gorriones del jardín. Un buen día decidí que aquello debía parar. Era necesario tomar la vida por los cuernos y elegir un camino que me permitiera desarrollarme como ser humano de manera provechosa. La mala suerte fue que esta revelación coincidió con la fecha de mi secuestro y, por lo mismo, no pude llevarla a cabo satisfactoriamente.
Sin otra opción, decidí dejarme llevar por el dibujo y la poesía, poner mi ocio a merced de la inspiración y canalizar, a través de las imágenes y las palabras, mis ansias de libertad. Al principio no contaba con los materiales necesarios, pero esta computadora me abrió las puertas del mundo digital, tan criticado por la élite artística como apropiado para mi particular condición de vida.
Para un tipo como yo, con una existencia arrojada al sufrimiento continuo, un pincel se vuelve mucho más que una simple herramienta escolar. Es por esto que Eduarda no me facilita pinceles, lápices ni ningún elemento cortopunzante que pueda utilizar para atentar contra mi vida. De todas formas, aunque pudiera pintar al óleo, esculpir o hacer grabados, no tendría dónde exhibir mis obras. Estarían condenadas a acumular polvo en algún rincón de esta habitación, que ya es suficientemente pequeña.
Es así como durante años de duro cautiverio he acumulado obras en respuesta a múltiples estímulos televisivos y telepáticos. Ahora es tiempo de sacarlas a la luz como complemento de las crónicas que relatan la increíble historia de mi vida. Considero estas imágenes y escritos como almas en pena buscando un cuerpo, la materialidad necesaria para dejar de ser tristes ánimas medidas en bytes.
Espero que disfruten mi humilde obra, que hoy comenzaré a publicar. En algún rincón de esta página encontrarán los enlaces para revisarla. Sean bienvenidos.
Aprovecho también de dirigirme a los seguidores que constantemente preguntan cómo pueden contribuir a mi liberación. Les agradezco sinceramente su preocupación y quisiera formular algunas peticiones a toda muchacha o muchacho, chileno o extranjero, que desee aportar su grano de arena a esta justa causa.
En primer lugar, es de gran ayuda que lean mis crónicas, contemplen mis dibujos y escuchen mis composiciones musicales. También agradecería que recomendaran esta página a sus amigos y familiares, pues uno nunca sabe dónde puede encontrarse un admirador de las bellas artes.
En segundo lugar, les pediría que no se preocupen demasiado por mi situación. Comprendo que, desde afuera, tantos años de cautiverio puedan parecer una desgracia, pero las cosas no son siempre como uno las imagina. Durante este tiempo he tenido la oportunidad de conocerme a mí mismo, desarrollar mis talentos y dedicarme por completo a la creación artística. No todos pueden decir lo mismo.
Antes soñaba con salir de aquí. Quería viajar, conocer gente, formar una familia, tener una casa, un automóvil y, si las circunstancias lo permitían, una piscina. Hoy comprendo que aquellas eran aspiraciones bastante vulgares, propias de un hombre que todavía no había descubierto su vocación.
He conseguido algo mucho más importante. Tengo una obra, un público y una habitación donde puedo trabajar sin que nadie venga a interrumpirme. No necesito levantarme temprano, tomar micro ni soportar a un jefe. Tampoco tengo que preocuparme por el dinero, pues Eduarda se ocupa de esas cosas. Ahora que lo pienso, he podido concretar uno de mis mayores sueños de juventud: vivir sin tener que trabajar. Y todo gracias a mi escaso esfuerzo.
También he comprendido que, después de todo, mi vida ha sido bastante exitosa. Cuando era niño soñaba con dos destinos que parecían incompatibles: ser militar y ser artista. Durante mucho tiempo creí que tendría que elegir entre ambos, pero hoy puedo decir con orgullo que he conseguido las dos cosas. He servido a mi patria en el ejército y desarrollado una extensa obra artística. No son muchos los que pueden presumir de haber cumplido todos sus sueños de infancia.
Por eso, después de pensarlo largamente, he tomado una decisión que quizás sorprenda a algunos de ustedes.
Ya no deseo ser rescatado.
No quisiera que se interpretara esto como una derrota. Por el contrario, considero que he alcanzado una etapa superior de mi desarrollo personal. He aprendido a distinguir entre las cosas que uno necesita y aquellas que simplemente desea porque no las tiene.
Finalmente, quiero agradecerles el cariño y la preocupación que me han demostrado. Saber que hay personas interesadas en mi vida y mi obre me llena de orgullo y me anima a continuar.
No se preocupen por mí. Soy un hombre libre y realizado.
