CRÓNICA / 13
De lo que aprendí en el ejército sobre los emblemas nacionales
En el ejército se esmeraban por darnos las herramientas necesarias para formar hombres de bien, libres, sensibles y tolerantes. Para ello se nos educaba íntegramente en ámbitos diversos como las ciencias exactas, historia, filosofía, arte, poesía, música, quiromancia, tarot, etc.
Una materia que siempre disfruté mucho fue música. En clases ensayábamos temas de Bob Dylan, Víctor Jara y Violeta Parra. Sin embargo, como buen patriota, mi materia preferida siempre fue la Historia de Chile.
Por ejemplo, ¿sabían ustedes que, cuando nuestra patria aún luchaba por consolidar su independencia, durante el gobierno de José Miguel Carrera se creó la primera bandera nacional? Esta fue estrenada en 1812 como tributo a la independencia estadounidense en un banquete ofrecido por el cónsul de aquel país. Este sería el principio del fin del colonialismo español para dar inicio al estadounidense.
Los colores representaban los tres poderes del Estado: Majestad, Ley y Fuerza, cualidades que más tarde utilizaríamos para saquear exitosamente países vecinos. Se usó por última vez en la batalla de Rancagua, donde la madre patria nos hizo mierda. Después, un tal coronel Francisco de la Lastra, enemigo de Carrera, ordenó reemplazarla nuevamente por la española.
El segundo intento fue en 1817, tras el triunfo de los independentistas en la Batalla de Chacabuco. El nuevo proyecto mantenía la misma novedosa estructura de tres franjas horizontales, pero cambiaba el amarillo micro por rojo. Sin embargo, esta pronto sería suprimida, pues era una descarada copia de la holandesa.
Durante el gobierno de O'Higgins fue izada por primera vez la hermosa bandera actual, copia fiel de la bandera de Texas.
En cuanto a lo que cada color representa, el rojo simboliza la sangre vertida; el blanco, la nieve de la cordillera de los Andes, y el azul, el limpio cielo chileno. La estrella recuerda que la República de Chile es una sola, y que no es una república federal. Como ven, el diseñador, a través del tamaño de las áreas, plasmó de forma majestuosa que en Chile hay más sangre vertida que nieve o cielo.
Hay quienes sostienen que el diseño de nuestra bandera ha quedado completamente obsoleto, pues la blanca nieve forma ríos viscosos que llegan al mar sin peces y los glaciares se están derritiendo poco a poco. Otro problema es el ya inexistente cielo azul, que aconsejaría reemplazarlo por un gris oscuro. La estrella se mantendría intacta, pues es notorio que nuestra patria está más sola que nunca dentro de América Latina. La franja roja también podría conservarse, puesto que sangre por derramar todavía queda mucha.
Al igual que la bandera, nuestro Escudo de Armas ha experimentado alteraciones desde que se creó debido a diversas circunstancias.
El primer escudo se estableció también durante el gobierno de Carrera. Junto a una columna destacaban dos figuras de pie: a un lado, un cretino; al otro, una mujer golpeada. En su parte superior se leía el lema “Post tenebras lux”, "Después de las tinieblas, la luz". Se dice que la frase estaba incompleta y que la original decía "Después de las tinieblas la luz, y te la van a cobrar cada vez más cara”.
En 1817 surgieron dos nuevos escudos. El primero, creado en junio, llevaba en su parte superior la sobrevalorada palabra «Libertad». En octubre se creó otro semejante, al que se agregaron algunos detalles y del que desapareció la palabra «Libertad», sustantivo que comenzaba a causar problemas y que nadie pareció echar de menos.
En 1819, el escudo estaba formado por un horrible óvalo azul oscuro, con una estrella en su parte superior que representaba la hermosa ciudad de Santiago. A ambos lados de una columna aparecían otras dos estrellas iguales, correspondientes a Concepción y Coquimbo, extremos de Chile en ese entonces. Este conjunto iba rodeado por dos cogollos atados con una cinta tricolor.
Durante el gobierno de Joaquín Prieto fue aprobado el proyecto del actual escudo sostenido por un cóndor, el ave más fuerte y corpulenta que surcaba nuestros aires en la prehistoria, y en el lado opuesto un huemul, el mamífero más difícil de observar dentro de nuestro territorio. Debajo, en los soportes, una cinta con el lema "Por la razón o la fuerza", simbolizando nuestra tolerancia y generosidad.
Los términos técnicos propios de la heráldica, sumados al hecho de que el huemul era un animal mitológico, generaron en un comienzo diferentes críticas al emblema. A pesar de estas controversias, en el ejército nos enseñaron a respetar profundamente nuestros emblemas nacionales. Recuerdo que, cuando algún compañero preguntaba por el significado de sus símbolos, nuestros superiores siempre estaban dispuestos a explicárnoslo. Si la explicación no nos resultaba convincente, nos obligaban a repetirla hasta memorizarla.
